HASTA DONDE LLEGA LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN?

¿Está dispuesto a recibir una acusación sin fundamento?

¿Le gustaría que se haga pública su intimidad?

¿Quiere que el grupo al que pertenece, étnico, profesional, social… sea víctima de un prejuicio?

¿Quiere ser injuriado en nombre de la libertad de expresión?
.
Ahí se aplica la regla de la empatía: “¿me gustaría que hagan eso conmigo?”, que se complementa con otra: publicar solamente cuando el asunto es de interés público y excede el interés privado.

Ejemplo: un asunto de interés privado son las preferencias sexuales de las personas. Un caso de interés público es la violación sexual.

Si un derecho, el ejercicio de una libertad, afecta a otro derecho significa que pasamos el límite. Es la conocida frase “Mis derechos terminan donde comienzan los del otro”.

Dicho de una forma más gráfica por Oliver Wendell Holmes:

“El derecho a la oscilación de mi puño termina donde comienza la nariz del otro hombre”.

Por eso, en periodismo, la libertad no es infinita. Tiene un límite en las leyes, los derechos, el respeto.

 

La Testificación De Fe (Shahada)

Cuando uno testifica algo significa declarar que eso que testifica en verdadero. En el caso de testificar la fe islámica implica que debe creer en varios preceptos, aunque los principales son seis. La testificación de fe o shahada no es para entrar en un club, sino un asunto muy serio que cambiará su vida.

1. CREENCIA EN DIOS

Los musulmanes creemos en Dios que los árabes llaman Allah, pero sólo por cuestiones de lenguaje, Dios que es Uno, Único y sin asociados en la adoración, es decir, no tiene hijo, ni padre, ni madre; Creador y Señor de toda la creación; supremo, eterno, infinito, poderoso, misericordioso y compasivo, creador y proveedor, y que nada ni nadie se asemeja a Él. Para que esta creencia sea eficaz, requiere absoluta confianza y esperanza en Dios, sumisión a su voluntad y seguridad en Su ayuda.

2. CREENCIA EN LOS ÁNGELES

Los musulmanes creemos en los ángeles de Dios. Son seres de luz y puramente espirituales, cuya naturaleza no precisa de comida, bebida o sueño. No sienten ninguna clase de deseo físico ni necesidad material. Dedica los días y las noches a la adoración de Dios. Existe una multitud de ellos y cada uno está encargado de un determinado deber. Aunque no podemos ver a los ángeles a simple vista, ello no niega su existencia real. Hay muchas cosas en el mundo invisibles a nuestros ojos, o inaccesibles a los sentidos y sin embargo, creemos en su existencia. La creencia en los ángeles procede del principio islámico de que el saber y la verdad, no se limitan enteramente al conocimiento o la perfección sensoriales.Se menciona en el Corán: Lo que está en los cielos y en la tierra se prosterna ante Allah: todo animal y los ángeles. Y éstos sin altivez. Temen a su Señor, que está por encima de ellos, y hacen lo que se les ordena. (Corán 16:49-50) Suyos son quienes están en los cielos y en la tierra. Y quienes están junto a Él no se consideran demasiado altos para servirle, ni se cansan de ello. Glorifican noche y día sin cesar. (Corán 21:19-20)

3. CREENCIA EN TODAS LAS ESCRITURAS REVELADAS POR DIOS

Los musulmanes creemos en todas las escrituras y revelaciones de Dios. En el Sagrado Corán se hace referencia especial a los libros de Abraham, Moisés, David y Jesús. Pero mucho antes de la revelación del Sagrado Corán al profeta Muhammad, que la paz y las bendiciones estén con él, algunos de estos libros y revelaciones se corrompieron y se perdieron con el pasar del tiempo, como es el caso del Evangelio y la Torah, otros fueron olvidados, abandonados o escondidos.El único libro auténtico y completo de Dios que existe hoy en día, es el Sagrado Corán. Para el musulmán no existen problemas de ese tipo. El Sagrado Corán está en sus manos completo y auténtico. No falta nada de él ni se espera nada más. Su autenticidad está fuera de dudas y ningún estudioso o pensador serio se ha aventurado a cuestionar su veracidad.El Sagrado Corán ha sido protegido por Dios mismo contra cualquier clase de corrupción. Por ese motivo, el Corán es la escritura que sirve de norma o criterio para juzgar todas las demás escrituras. Todo lo que esté de acuerdo con el Sagrado Corán es aceptado como verdad Divina y todo cuanto difiera con el Sagrado Corán es rechazado. Dios dice:“Por cierto que revelamos el Mensaje y que somos sus custodios” (Sagrado Corán15:9)

4. CREENCIA EN TODOS LOS MENSAJEROS ENVIADOS POR DIOS

Los musulmanes creemos en todos los enviados de Dios sin hacer distinción entre ellos. Todas las naciones a través de los tiempos tuvieron un mensajero enviado por Dios. Estos fueron grandes maestros del bien y auténticos paladines de la rectitud. Fueron elegidos por Dios para enseñar a la humanidad y entregarle Su mensaje divino. Fueron enviados en distintos momentos de la historia y todas las naciones conocidas tuvieron uno o varios enviados.El Sagrado Corán menciona por nombre a 25 mensajeros. El musulmán cree en todos ellos y los acepta como enviados autorizados de Dios. Con excepción del profeta Muhammad, que la paz y las bendiciones de Allah estén con él, todos fueron conocidos como mensajeros “nacionales” o locales. Pero sus mensajes y religión, eran el mismo que el del Islam*, sumisión solamente a Dios sin asociarle otras divinidades. Este mensaje, de una verdad auténtica y lógica, procedía solamente de Dios y para servir solamente un propósito, que es el conducir a la humanidad al camino recto.(*La palabra árabe Islam significa paz) Todos los enviados fueron sin excepción mortales, seres humanos, portadores de revelaciones divinas y nombrados por Dios para llevar a cabo determinadas tareas. El profeta Muhammad, que la paz y bendiciones de Allah estén con él, se distingue entre ellos como el Sello de los Mensajeros. Algunos de los grandes enviados mencionados en el Corán son Nóe, Abraham, Ismael, Moisés, Jesús y Muhammad, que la paz esté con todos ellos.

5. CREENCIA EN EL DÍA DEL JUICIO FINAL Y EN LA VIDA DESPUÉS DE LA MUERTE

Los musulmanes creemos en el Día del Juicio Final. Este mundo llegará a su fin algún día y los muertos resucitarán para someterse al juicio final equitativo. Todo cuanto hacemos en este mundo, cada intención que tenemos, cada movimiento que realizamos, todos los pensamientos que albergamos y todas las palabras que decimos están contados y conservados en registros exactos. Todo ello saldrá a la luz el Día del Juicio.Las personas que tengan buenos expedientes serán premiadas con generosidad y acogidas con calor a los cielos de Dios, y quienes tengan malos expedientes serán castigados y arrojados al infierno. Sólo Dios conoce la naturaleza real del cielo y el infierno y la descripción exacta de ambos. Existen en el Sagrado Corán y en las tradiciones del profeta Muhammad, que la paz y bendiciones de Allah estén con él, referencias al cielo y al infierno. Sin embargo el profeta también nos mencionó que en los cielos hay cosas que nadie ha visto jamás, ni ha oído, ni han sido concebidas por la mente. Ese es el día de la justicia en el que se liquidarán definitivamente todas las cuentas.Si alguien piensa ser lo bastante astuto para cometer impunemente malas obras, lo mismo que escapa a veces al castigo de las leyes mundanas; no podrá hacerlo así en el Día del Juicio. Será atrapado, indefenso, sin ningún abogado o asesor que le defienda. Todos los actos son visibles para Dios y contados por Sus ángeles. Del mismo modo, si alguna persona piadosa realiza buenas obras para agradar a Dios y no parecen obtener premio o reconocimiento en este mundo temporal, recibirán plena compensación y abundante retribución en ese Día. Se hará justicia absoluta con todos.

6. CREENCIA EN EL DECRETO DIVINO O PREDESTINACIÓN (QADA WA AL-QADAR)

Los musulmanes creemos en el saber intemporal de Dios y en Su poder para planear y ejecutar Sus planes. Su conocimiento y poder están en acción en todo momento para mantener el orden en Su vasto dominio y conservar el control total sobre su creación. Hemos de tener una fe firme en Él y aceptar lo que hace, puesto que nuestro conocimiento es limitado y nuestro criterio se basa en consideraciones individuales o personales, mientras que el Suyo es ilimitado y planea en términos universales. Los musulmanes llaman a este artículo de fe “Qada” y “Qadar” que en otras palabras significa simplemente que el conocimiento intemporal de Dios prevé los sucesos y que éstos tienen lugar con arreglo al conocimiento exacto de Dios.

Aparte de esto los musulmanes realizamos rituales y conductas morales, pero eso los puede aprender después de confirmar que estos seis puntos anteriores los ha aceptado, a su vez después de entenderlos y aceptarlos, usted podrá realizar su testificación de la fe.

[Artículo original en Islam Tijuana]

Me enamoré de lo que no se ve del Islam, de la parte espiritual

  • Presenta hoy el libro ‘Por qué el Islam’ a las 19:00 horas en el Palacio de Exposiciones y Congresos de Melilla

  • Hablará del “reto de ser musulmana en Europa”, feminismo y religión

La periodista y escritora Amanda Figueras aterriza hoy en Melilla para presentar su libro ‘Por qué el Islam. Mi vida como mujer, europea y musulmana’ (Ediciones Península), a las 19:00 horas, en el Palacio de Exposiciones y Congresos, donde el presidente de la Asociación de Prensa de Melilla (APM), José María Navarro, conducirá el coloquio organizado por la asociación Intercultura. La autora hablará del “reto de ser musulmana en Europa” y de una serie de conceptos como lo son la religión, el feminismo y la islamofobia que conforman parte del día a día. El Faro ha conversado con Figueras para conocer con más detalle los entresijos de su libro y acercar al lector su experiencia.

–En su libro ‘Por qué el Islam’ comparte su testimonio como mujer europea que decidió abrazar esta fe. ¿Qué aspectos destacaría?

–Es un reto ser musulmana en Europa, sobre todo mujer, y para ello cuento también con el testimonio de otras mujeres. En el libro explico el largo proceso que seguí hasta reconocerme a mí misma como musulmana y se me hace muy difícil poder señalar con exactitud la chispa o el momento que me motivó a reconocerme como tal. Si lo hiciera, estaría dejando de lado a otros.

–Entonces, ¿qué le ‘enamoró’ del Islam?

–Sinceramente, me sentí arropada por sus valores, que considero que son muy desconocidos entre la comunidad no musulmana de Occidente. Considero que plantea una manera de vivir más sana, dándole más importancia a las experiencias y a las relaciones sociales y que fomenta su desapego a lo material. Me enamoró conocer la vida del profeta Muhammad, un hombre con un talante y una generosidad inigualables. Lo que más me gustó fue todo aquello que no se ve. El Islam no es el velo, ni la barba. Como a millones de personas, lo que me atrajo fue lo espiritual, tan central para nosotros y, al mismo tiempo, tan desconocido para los no musulmanes. De esto hablo también en mi libro.

–¿Cómo se lo comunicó a sus amigos y familiares?

–No estoy bautizada y procedo de una familia que no es religiosa, pero sinceramente no se dio esa conversación porque no tenía nada que confesar. Cuando uno ‘sale del armario’ en este sentido, por llamarlo de alguna manera, se encuentra con muchas dificultades por parte de la gente. A veces es complicado y lo pasan mal por la incomprensión de los demás, que no son capaces de entender esta decisión personal. En mi caso no fue algo dramático.

–¿Siente o cree que hay rechazo hacia los musulmanes?

–No sólo es una sensación, sino que el rechazo hacia ellos es generalizado. Es curioso que este rechazo aumente en los países en los que menos población musulmana hay, mientras que en aquellos en los que hay millones, sea menor. Parte de este rechazo es debido al terrorismo que ha instrumentalizado el Islam, por eso es necesario que nosotros, los musulmanes, hablemos y nos expresemos más y seamos más activos. No debemos dejar que los terroristas se apropien de nuestra fe, la cual insta a la paz.

–Explíquenos cómo ha influido el terrorismo ‘islámico’ en la percepción de los musulmanes.

–Primero debemos quitar la etiqueta de ‘islámico’. No hay terrorismo cristiano ni de otra religión. Es terrorismo, simplemente. Si ponemos esta etiqueta estamos aceptando el discurso de los terroristas que están instrumentalizando el Islam. Además, debemos recordar que los musulmanes son las principales víctimas de estos ataques y se convierten también en víctimas de la islamofobia que aumenta por culpa del terrorismo. Es muy injusto.

–Usted es feminista y viste el velo, algo que para algunas personas es contradictorio. ¿Se siente discriminada por usarlo?

–Percibí más el rechazo social como musulmana desde que comencé a usar el velo, porque representa la diana de todos los prejuicios y a muchos les genera sentimientos negativos, por eso es muy importante trabajar la tolerancia, estar unidos y no caer en la trampa. Me gustaría algún día dejar de hablar del hiyab, usarlo es una decisión personal y forma parte de la libertad de expresión de la mujer. Estoy en contra de obligar o prohibir su uso. Nadie debe obligar a nadie a llevarlo, ni nadie puede prohibir a nadie usarlo.

–¿Le ha condicionado a la hora de trabajar o buscar empleo?

–Cuando tomé la decisión de usar el velo no trabajaba en plantilla en ningún medio de comunicación, pero sí que observé que éstos, si tenían a alguna periodista en redacción que fuera musulmana, no vestía hiyab. No conocía a ninguna que lo llevara y es que si la mujer, por el hecho de serlo ya se enfrenta al techo de cristal, si es musulmana y viste hiyab, se encuentra con un doble techo. En Egipto, me sentía parte de la mayoría al llevar el velo, pero en España soy una minoría que, además, está mal vista.

–¿De qué forma le afecta a usted el machismo?

–Me afecta doblemente. Primero de todo, por el hecho de ser mujer, y después por ser musulmana, ya que muchos consideran que el Islam somete a la mujer. El machismo es una enfermedad universal, independientemente de la confesión religiosa. Todavía queda mucho trabajo por hacer, quedan muchas cadenas por romper. Como decías, soy feminista, pero cada contexto tiene una lucha distinta, con formas y tiempos diferentes.

–¿Cree que la discriminación hacia los musulmanes tiene tintes clasistas?

–La discriminación, la islamofobia sí que es clasista. Si el musulmán tiene dinero parece que molesta menos. En España hay mucho clasismo. Existen muchos tópicos y estereotipos sobre los musulmanes más pobres y los inmigrantes. Siempre somos vistos como extranjeros y no se tienen en cuenta a todos esos españoles musulmanes que viven especialmente en Melilla y Ceuta. Además, hoy en día la comunidad musulmana española está formada por casi dos millones de personas. Hay que trabajar por la unión de los ciudadanos sin importar su propia religión.

 

Tomado de: https://elfarodemelilla.es/2018/03/16/me-enamore-de-lo-que-no-se-ve-del-islam-de-la-parte-espiritual/

 

Respetas o Toleras?

“Las personas ajenas a nuestro entorno también tiene metas, gustos, necesidades, prioridades, cultura, ideología y religión. Su vida es tan importante como la nuestra”.

Los seres humanos somos tan diferentes, que limitarnos, ocultarnos o tolerarnos no es suficiente para ser libres y vivir felices.
Acompáñame a leer un poco sobre por qué en lugar de tolerar deberíamos respetar.

Partiendo de la frase de “El respeto al derecho ajeno es la paz” que nos dejó como legado nuestro muy estimado y finado Don Benito Juárez, podemos entender que mientras respetemos el espacio, ideas, costumbres y tradiciones de los demás, podremos vivir en armonía.
Según la sociología y Max Weber, existen cuatro tipos básicos de acción social:

• El comportamiento orientado por fines y medios racionales (el modelo del comportamiento moderno)
Surge cada vez que las personas podemos elegir algún propósito de modo individual, sin que haya algo o alguien que nos lo imponga. Gustos, hobbies, preferencias sexuales, entre otros.

• El comportamiento orientado por creencias en valores
En este tipo de comportamiento sólo podemos elegir los medios, pues los fines que nos orientan están predeterminados por nuestras creencias y convicciones. Aquí es donde influye la religión, valores y manera en que fuimos educados. Todo esto no significa que estemos en lo correcto.

• El comportamiento orientado por emociones 
En éste, nuestros fines y medios lo dictan los impulsos emocionales o sentimentales, no el pensamiento y el cálculo. Digamos que es nuestro comportamiento más animal.

• El comportamiento orientado por la tradición
Igual que en el anterior caso, los fines y los medios no los pensamos ni elegimos nosotros, sino una fuerza ahora externa: la costumbre y la tradición, tan difícil de cambiar en la gente por más caduca que sea la idea.

Dicho esto, la mayor parte del tiempo los cuatro tipos de comportamiento los usamos cuando nos relacionamos con los demás: oficina, familia, amigos y gente que no conocemos. Nos ayude o no, afecta bien y mal.

Todo ese bagaje e información que traemos incrustada desgraciadamente nos lleva a tener paradigmas, ideas, creencias tales como pensar que todos los musulmanes o turcos son malos, de la misma forma como algunos estadounidenses hacen creer que todos los mexicanos somos flojos y roba trabajos.

A lo que voy es que nos inculcan mucho el tolerar. Yo tolero el olor a chocolate, pero me disgusta, de hecho me provoca asco. A lo que voy es que pasándolo a un ámbito más de seres humanos, cuando toleramos algo, sencillamente aceptamos su existencia, actuamos desde el enojo y no desde el amor o el entendimiento. 
En los diccionarios podemos encontrar sobre “tolerar”: permitir aunque no lo apruebes, resistir, soportar, entre otros. Si es así, no me gusta ser tolerante, en este caso. En lo personal, me resulta muy incómodo.

En cambio, el respeto nos lleva, además de a involucrarnos, también a comprender a los que nos rodean en una causa justa.

RESPETAR derriba fronteras y cambia realidades.

Las personas ajenas a nuestro entorno también tiene metas, gustos, necesidades, prioridades, cultura, ideología y religión. Su vida es tan importante como la nuestra.

¿Por qué debemos enseñar a respetar?
Porque de esta forma ayudaremos que nuestra sociedad y otras tantas no sean tan difamadas, señaladas, discriminadas.
Todos los días tenemos una oportunidad para hacerlo. Yo hoy decidí escribir mi opinión sobre todo esto y compartírselas.

¿Qué te parece compartir este artículo en tus redes sociales y poner tu granito de arena? 😉

Y tú…. ¿respetas o toleras? Cuéntame.

 

 Resultado de imagen para la tolerancia y el respeto

Qué pasa después de la muerte según el Islam

Empecemos por aclarar que el mundo islámico tiene una concepción muy distinta de la muerte a la que posee Occidente. La verdad es que aquí todavía siguen viéndola como una enemiga y por eso le tienen tanto miedo. El hombre occidental, inmerso en un mundo materialista, busca perpetuarse. Le cuesta mucho aceptar que nuestra materia es finita. Para nosotros, la muerte no existe, es una ficción.

El islam considera que los hombres somos viajeros en el tiempo y cuando partimos de este mundo lo que hacemos es volver al Creador, que es de donde venimos. “Somos de Dios y a él retornamos”, dice el Corán. Creemos que cuando la persona muere emprende un viaje a un mundo espiritual, a otro plano superior. Este plano material, el mundo en que vivimos, no es más que una prueba para nosotros. Un traje. Y claro: en el viaje tendremos que rendir cuentas por ese traje, por cómo lo dejamos.

Hay una cosa muy bonita y es que no decimos que la persona murió sino que “cruzó el umbral”, que “pasó la puerta”. Mahoma dice que en este mundo hay que hacer las cosas bien, y eso implica ser piadoso, compasivo, justo y cumplir las obligaciones materiales y espirituales. Estar aquí pero mirando al mundo espiritual.

¿Qué pasa cuando morimos? A cada persona se le hacen unas honras fúnebres y una oración especial, el Salat ul Yanaza. Se lava el cuerpo tres veces con agua, esencias aromáticas y alcanfor, y luego se envuelve en unos mantos: tres en el caso del hombre y cinco en el de la mujer. Después se le entierra, sin ataúd, en dirección a La Meca (la “ciudad sagrada” del islam), y se procura hacerlo en el menor tiempo posible, pues la muerte no es motivo de tristeza. Por el contrario, se habla con optimismo del difunto y de su vida.

Esa noche, según la tradición islámica, llegan dos ángeles que se llaman Munkar y Nakir, que le hacen tres preguntas importantes al difunto: ¿quién es Dios?, ¿cuál es tu maestro? y ¿cuál fue tu camino espiritual? Para el islam, todos los caminos son válidos; cualquiera puede salvarse siempre y cuando responda con claridad. Solo los fanáticos dicen que hay un islam verdadero cuando lo cierto es que existen muchos caminos.

Luego del interrogatorio, la persona es llevada a un lugar que se llama el Barzaj, que es como un punto medio entre los cielos y la Tierra. Y de acuerdo con el grado de sabiduría y espiritualidad, es ubicada en unos estratos o niveles: la gente de altos principios espirituales se ubica en los planos superiores avanzados y la que está siendo castigada por sus malos actos en el plano material lo hace en los inferiores.

Ahora, ¿existen los cielos y los infiernos en el islam? La respuesta es sí, en plural. Y aquí hay un tema importante: los sabios musulmanes rechazan la teoría de que existe un “castigo eterno” porque no hay un crimen equivalente a la eternidad. Por más mala que haya sido, cada persona merece compasión y un día regresará al Creador y será buena. Decía Mahoma: “Puede que el hombre no se canse de pecar, pero Dios no se cansará de perdonarlo”.

El islam es la civilización del perdón, a pesar de que unas minorías parezcan querer mostrar lo contrario. Pero cuidado: que sea una religión del perdón no implica que justifique el terrorismo. Aunque en el islam, como en todas las religiones, existe la figura del mártir, las inmolaciones son una estupidez irracional. No es cierto que quien se inmola va al cielo, esa es una interpretación errónea del salafismo, una corriente que no representa ni al 1 % de la población musulmana en el mundo.

Por eso, no hablamos de reencarnación sino de un “retorno de los hombres”. Nosotros creemos que todo hombre tiene la posibilidad de redimirse y que puede regresar al plano material una vez que haya terminado la prueba. En el islam, la pena y el castigo son un tema finito, no infinito. El islam está esperando el fin de los tiempos y el Juicio Final. Es una revolución para cambiar la Tierra. Creemos que habrá una gran batalla entre el bien y el mal, que puede durar muchísimos años. El Corán describe que los cielos se pondrán rojos y caerán cometas sobre la Tierra. Es una batalla en la que morirá parte de la humanidad. Los grandes profetas, Enoc-Elias (Imam Mahdi) y Jesús, regresarán para librar la gran batalla final contra el anticristo y sus manifestaciones. ¿Cuándo es el fin de los tiempos? La hora solo la sabe Dios.

por Imam Julián Arturo Zapata 

Ser musulmana en Ecuador.

Cuando Juana, musulmana ecuatoriana, se subió a un bus en Quito para ir a su trabajo, otra pasajera tiró de su hijab, el velo con el que, por tradición, las mujeres islámicas cubren su cabeza. Le dijo “¡Quítate eso! ¡No ves que te oprime! ¡Libérate!”. Juana se bajó en la parada siguiente. La suposición de esa mujer era la de muchos: Juana llevaba la prenda como una marca de sumisión. En realidad, fue una decisión, libre y sin presiones, que tomó al convertirse al Islam.

Para muchas musulmanas en Ecuador, el hijab no es opresión. Sí es mucho más que solo una prenda de vestir. Cuando una mujer va a la mezquita, es obligación usarlo: es una señal de respeto a Dios. Pero afuera, en su día a día, es una cuestión personal. Diana Bueno, otra ecuatoriana musulmana residente en Quito, no lo lleva fuera de la mezquita. Dice que no se siente lista, que tal vez algún día lo haga pero que, por ahora, no. Su esposo tampoco le ha obligado a ponérselo. Dice que jamás le pediría hacer algo que ella no quiera, “el hijab no la hace menos libre y tampoco menos musulmana”. Es decisión de cada una.

En otros países la sumisión es a la ley civil: prohibido llevar el hijab. En septiembre de 2010, el parlamento francés prohibió el uso público de prendas que cubran la cara como el niqab que tapa todo el cuerpo y deja sólo los ojos a la vista— o burka —la misma prenda pero con una rejilla—. El argumento era que necesitaban identificar rápidamente a las personas por cuestiones de seguridad nacional. En Holanda, en mayo de 2015, también se prohibió bel uso del hijab en lugares públicos como escuelas, hospitales y transporte público. Las niñas y sus padres no quieren ir sin la prenda, y están siendo retiradas de las escuelas. Se quedan sin educación.

La práctica del Islam depende de los aspectos culturales, económicos y sociales de cada país. En algunos —como Irán— sí se requiere que todas las mujeres utilicen el velo y que estén siempre acompañados por un varón. El problema es pensar que todos musulmanes exigen esto a las mujeres, y creer que lo único que las oprime es una prenda de vestir. En Irán y en Arabia Saudita, esa opresión no recae sobre el hijab, o sobre la religión sino sobre el gobierno que decidió utilizarla e interpretarla a su conveniencia para controlar a las mujeres. En otros países —como en Turquía, Líbano, Jordania— esa prohibición no existe. Algo similar pasa Myanmar, donde el monje budista Ashin Wirathu promueve que se expulsen y se asesinen a cientos de musulmanes Rohingya en el país en nombre del budismo. Cualquier religión puede utilizar sus doctrinas para hacer paz o guerra. El error está en homogeneizar a más de 1.6 mil millones de creyentes musulmanes sólo porque en un par de países han tomado esas determinaciones. Como dice  el experto Reza Aslan, esas medidas hablan más de Arabia Saudita o de un país que del Islam u otra religión.

Existe un nuevo set de reglas que deslegitiman el uso del hijab por elección. Están atadas a la corrección política de lo que es —lo que no es— ser una mujer libre. Cada vez hay más artículos que rechazan la ropa ajustada —porque dicen que sólo está hecha para definir las curvas— o que una mujer decida ser ama de casa —porque realizarse es salir a trabajar—. Olvidan que la libertad no es otra cosa que poder tomar decisiones propias. Paola Rodas, profesora en temas de orientalismo de la Universidad San Francisco, dice que lo que realmente debería cuestionarse es quién es más libre ¿una mujer que sale desnuda en las revistas de PlayBoy o una mujer que decide utilizar el hijab? El problema es creer que la una es más que la otra sólo porque no se conoce sobre esa cultura. A fin de cuentas, estamos más acostumbrados a ver a las mujeres del lunes sexy que a una mujer musulmana en el país. Es cuestión de percepciones.

El grupo feminista islamico, lucha contra la concepción de que el islam es una religión machista y patriarcal. Ellas utilizan el hijab para definir su identidad e ir contra las ideas colonialistas de que todo lo que no pertenece al occidente es malo, negativo y opresor. Esa es la forma en que ellas deciden ser libres. La sumisión de la mujer en todo el mundo va más allá de una prenda de vestir: es la falta de educación, la violencia sexual, el nivel de ingresos, el cuestionamiento sobre las decisiones sobre el propio cuerpo.

Para las mujeres que deciden utilizarlo todos los días, el hijab sobrepasa los motivos religiosos. María Fernanda Rosero lo usa para protegerse de la mirada de los hombres: dice que así se siente más respetada y ya no como un objeto sexual. Mónica Moya lo lleva puesto por el mismo motivo y, porque ahora, siente que sin él ella no se siente musulmana: forma parte de su identidad. Para ellas es una forma de encontrar refugio y de reconocerse entre sí porque, en Ecuador, muchas son discriminadas por ser musulmanas. Les han dicho terroristas, invasoras, esposas de Bin Laden, bárbaras. Les han exigido que muestren sus documentos —sin motivo alguno— y que se quiten su velo en los bancos. No son vistas como ecuatorianas. Así que han tomado una decisión en conjunto: utilizar el hijab y ser musulmana en Ecuador.

Martin Pastor y Lissete Arevalo