HASTA DONDE LLEGA LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN?

¿Está dispuesto a recibir una acusación sin fundamento?

¿Le gustaría que se haga pública su intimidad?

¿Quiere que el grupo al que pertenece, étnico, profesional, social… sea víctima de un prejuicio?

¿Quiere ser injuriado en nombre de la libertad de expresión?
.
Ahí se aplica la regla de la empatía: “¿me gustaría que hagan eso conmigo?”, que se complementa con otra: publicar solamente cuando el asunto es de interés público y excede el interés privado.

Ejemplo: un asunto de interés privado son las preferencias sexuales de las personas. Un caso de interés público es la violación sexual.

Si un derecho, el ejercicio de una libertad, afecta a otro derecho significa que pasamos el límite. Es la conocida frase “Mis derechos terminan donde comienzan los del otro”.

Dicho de una forma más gráfica por Oliver Wendell Holmes:

“El derecho a la oscilación de mi puño termina donde comienza la nariz del otro hombre”.

Por eso, en periodismo, la libertad no es infinita. Tiene un límite en las leyes, los derechos, el respeto.

 

Respetas o Toleras?

“Las personas ajenas a nuestro entorno también tiene metas, gustos, necesidades, prioridades, cultura, ideología y religión. Su vida es tan importante como la nuestra”.

Los seres humanos somos tan diferentes, que limitarnos, ocultarnos o tolerarnos no es suficiente para ser libres y vivir felices.
Acompáñame a leer un poco sobre por qué en lugar de tolerar deberíamos respetar.

Partiendo de la frase de “El respeto al derecho ajeno es la paz” que nos dejó como legado nuestro muy estimado y finado Don Benito Juárez, podemos entender que mientras respetemos el espacio, ideas, costumbres y tradiciones de los demás, podremos vivir en armonía.
Según la sociología y Max Weber, existen cuatro tipos básicos de acción social:

• El comportamiento orientado por fines y medios racionales (el modelo del comportamiento moderno)
Surge cada vez que las personas podemos elegir algún propósito de modo individual, sin que haya algo o alguien que nos lo imponga. Gustos, hobbies, preferencias sexuales, entre otros.

• El comportamiento orientado por creencias en valores
En este tipo de comportamiento sólo podemos elegir los medios, pues los fines que nos orientan están predeterminados por nuestras creencias y convicciones. Aquí es donde influye la religión, valores y manera en que fuimos educados. Todo esto no significa que estemos en lo correcto.

• El comportamiento orientado por emociones 
En éste, nuestros fines y medios lo dictan los impulsos emocionales o sentimentales, no el pensamiento y el cálculo. Digamos que es nuestro comportamiento más animal.

• El comportamiento orientado por la tradición
Igual que en el anterior caso, los fines y los medios no los pensamos ni elegimos nosotros, sino una fuerza ahora externa: la costumbre y la tradición, tan difícil de cambiar en la gente por más caduca que sea la idea.

Dicho esto, la mayor parte del tiempo los cuatro tipos de comportamiento los usamos cuando nos relacionamos con los demás: oficina, familia, amigos y gente que no conocemos. Nos ayude o no, afecta bien y mal.

Todo ese bagaje e información que traemos incrustada desgraciadamente nos lleva a tener paradigmas, ideas, creencias tales como pensar que todos los musulmanes o turcos son malos, de la misma forma como algunos estadounidenses hacen creer que todos los mexicanos somos flojos y roba trabajos.

A lo que voy es que nos inculcan mucho el tolerar. Yo tolero el olor a chocolate, pero me disgusta, de hecho me provoca asco. A lo que voy es que pasándolo a un ámbito más de seres humanos, cuando toleramos algo, sencillamente aceptamos su existencia, actuamos desde el enojo y no desde el amor o el entendimiento. 
En los diccionarios podemos encontrar sobre “tolerar”: permitir aunque no lo apruebes, resistir, soportar, entre otros. Si es así, no me gusta ser tolerante, en este caso. En lo personal, me resulta muy incómodo.

En cambio, el respeto nos lleva, además de a involucrarnos, también a comprender a los que nos rodean en una causa justa.

RESPETAR derriba fronteras y cambia realidades.

Las personas ajenas a nuestro entorno también tiene metas, gustos, necesidades, prioridades, cultura, ideología y religión. Su vida es tan importante como la nuestra.

¿Por qué debemos enseñar a respetar?
Porque de esta forma ayudaremos que nuestra sociedad y otras tantas no sean tan difamadas, señaladas, discriminadas.
Todos los días tenemos una oportunidad para hacerlo. Yo hoy decidí escribir mi opinión sobre todo esto y compartírselas.

¿Qué te parece compartir este artículo en tus redes sociales y poner tu granito de arena? 😉

Y tú…. ¿respetas o toleras? Cuéntame.

 

 Resultado de imagen para la tolerancia y el respeto

Qué pasa después de la muerte según el Islam

Empecemos por aclarar que el mundo islámico tiene una concepción muy distinta de la muerte a la que posee Occidente. La verdad es que aquí todavía siguen viéndola como una enemiga y por eso le tienen tanto miedo. El hombre occidental, inmerso en un mundo materialista, busca perpetuarse. Le cuesta mucho aceptar que nuestra materia es finita. Para nosotros, la muerte no existe, es una ficción.

El islam considera que los hombres somos viajeros en el tiempo y cuando partimos de este mundo lo que hacemos es volver al Creador, que es de donde venimos. “Somos de Dios y a él retornamos”, dice el Corán. Creemos que cuando la persona muere emprende un viaje a un mundo espiritual, a otro plano superior. Este plano material, el mundo en que vivimos, no es más que una prueba para nosotros. Un traje. Y claro: en el viaje tendremos que rendir cuentas por ese traje, por cómo lo dejamos.

Hay una cosa muy bonita y es que no decimos que la persona murió sino que “cruzó el umbral”, que “pasó la puerta”. Mahoma dice que en este mundo hay que hacer las cosas bien, y eso implica ser piadoso, compasivo, justo y cumplir las obligaciones materiales y espirituales. Estar aquí pero mirando al mundo espiritual.

¿Qué pasa cuando morimos? A cada persona se le hacen unas honras fúnebres y una oración especial, el Salat ul Yanaza. Se lava el cuerpo tres veces con agua, esencias aromáticas y alcanfor, y luego se envuelve en unos mantos: tres en el caso del hombre y cinco en el de la mujer. Después se le entierra, sin ataúd, en dirección a La Meca (la “ciudad sagrada” del islam), y se procura hacerlo en el menor tiempo posible, pues la muerte no es motivo de tristeza. Por el contrario, se habla con optimismo del difunto y de su vida.

Esa noche, según la tradición islámica, llegan dos ángeles que se llaman Munkar y Nakir, que le hacen tres preguntas importantes al difunto: ¿quién es Dios?, ¿cuál es tu maestro? y ¿cuál fue tu camino espiritual? Para el islam, todos los caminos son válidos; cualquiera puede salvarse siempre y cuando responda con claridad. Solo los fanáticos dicen que hay un islam verdadero cuando lo cierto es que existen muchos caminos.

Luego del interrogatorio, la persona es llevada a un lugar que se llama el Barzaj, que es como un punto medio entre los cielos y la Tierra. Y de acuerdo con el grado de sabiduría y espiritualidad, es ubicada en unos estratos o niveles: la gente de altos principios espirituales se ubica en los planos superiores avanzados y la que está siendo castigada por sus malos actos en el plano material lo hace en los inferiores.

Ahora, ¿existen los cielos y los infiernos en el islam? La respuesta es sí, en plural. Y aquí hay un tema importante: los sabios musulmanes rechazan la teoría de que existe un “castigo eterno” porque no hay un crimen equivalente a la eternidad. Por más mala que haya sido, cada persona merece compasión y un día regresará al Creador y será buena. Decía Mahoma: “Puede que el hombre no se canse de pecar, pero Dios no se cansará de perdonarlo”.

El islam es la civilización del perdón, a pesar de que unas minorías parezcan querer mostrar lo contrario. Pero cuidado: que sea una religión del perdón no implica que justifique el terrorismo. Aunque en el islam, como en todas las religiones, existe la figura del mártir, las inmolaciones son una estupidez irracional. No es cierto que quien se inmola va al cielo, esa es una interpretación errónea del salafismo, una corriente que no representa ni al 1 % de la población musulmana en el mundo.

Por eso, no hablamos de reencarnación sino de un “retorno de los hombres”. Nosotros creemos que todo hombre tiene la posibilidad de redimirse y que puede regresar al plano material una vez que haya terminado la prueba. En el islam, la pena y el castigo son un tema finito, no infinito. El islam está esperando el fin de los tiempos y el Juicio Final. Es una revolución para cambiar la Tierra. Creemos que habrá una gran batalla entre el bien y el mal, que puede durar muchísimos años. El Corán describe que los cielos se pondrán rojos y caerán cometas sobre la Tierra. Es una batalla en la que morirá parte de la humanidad. Los grandes profetas, Enoc-Elias (Imam Mahdi) y Jesús, regresarán para librar la gran batalla final contra el anticristo y sus manifestaciones. ¿Cuándo es el fin de los tiempos? La hora solo la sabe Dios.

por Imam Julián Arturo Zapata 

Pueblos mágicos, México.

En México, 83 comunidades son reconocidas como “pueblos mágicos” y, de ellas, Michoacán tiene 8 y Puebla 7

En 2014 se difundió una convocatoria para que nuevos destinos se sumaran a la iniciativa, en la cual fueron recibidas aproximadamente 180 solicitudes, de las cuales sólo 75 pasaron el filtro de revisión.

De acuerdo con la página web de la Secretaría de Turismo federal (Sectur), las ocho localidades michoacanas consideradas como Pueblo Mágico por sus manifestaciones socio-culturales son Cuitzeo, Jiquilpan, Mineral de Angangueo, Pátzcuaro, San María del Cobre, Tacámbaro, Tlalpujahua y Tzintzuntzan.

En lo que respecta a Puebla, han alcanzado el nombramiento Cholula, Chignahuapan, Cuetzalan del Progreso, Pahuatlán, Tlatlauquitepec, Xicotepec y Zacatlán.

De acuerdo con los Lineamientos Generales para la Incorporación y permanencia al Programa Pueblos Mágicos, la comunidad con este reconocimiento debe cumplir con atributos simbólicos, leyendas, historia, hechos trascendentes y cotidianidad, que la identifica de manera particular y la hacen especial entre otras manifestaciones socio-culturales.

Dicho nombramiento lo otorga la Sectur, con el respaldo de documentos técnicos, “a la localidad que a través del tiempo y ante la modernidad, ha conservado su valor y herencia histórica cultural y la manifiesta en diversas expresiones a través de su patrimonio tangible e intangible irremplazable y que cumple con los requisitos de permanencia”.

Un ejemplo de Pueblo Mágico es Taxco, que en 2002 alcanzó este nombramiento debido a su valioso patrimonio cultural. La localidad guerrerense integra monumentos y edificios de gran interés para los viajeros y turistas.

Entre estos sitios valiosos están la Parroquia de Santa Prisca, de estilo barroco virreinal, construida en el siglo XVII por el minero español José de la Borda. Otros sitios que son atractivo por su patrimonio cultural son el Museo Guillermo Starling, el Museo de Arte Virreinal, el Antiguo Convento de San Bernardino de Siena, la Antigua Hacienda del Chorrillo y la Iglesia de Guadalupe.

Por otra parte, el estado de Zacatecas cuenta con cinco localidades reconocidas como Pueblo Mágico, que son Jerez de García Salinas, Nochistlán, Pino, Sombrerete y Teúl de González Ortega, y Guanajuato, la misma cantidad: Dolores Hidalgo, Jalpa de Cánovas, Mineral de Pozos, Salvatierra y Yuriria.

Asimismo, en el estado de México tiene a El Oro, Malinalco, Metepec, Tepotzotlán y Valle de Bravo, y Jalisco alberga a Lagos de Moreno, Mazamitla, San Sebastián del Oeste, Tapalpa y Tequila. A ellos les suman Coahuila, Querétaro e Hidalgo con cuatro poblados, en cada caso, así como Veracruz, Chiapas Y Sinaloa, con tres, y Baja California Sur, Sonora, Chihuahua, Aguascalientes, San Luis Potosí, Tamaulipas, Yucatán y Morelos con dos, respectivamente.

En tanto, los estados con sólo un Pueblo Mágico son Baja California, Nuevo León, Durango, Nayarit, Colima, Guerrero, Tlaxcala, Oaxaca, Tabasco, Campeche y Quintana Roo. De acuerdo con el subsecretario de Innovación y Desarrollo Turístico de la Sectur, Carlos Joaquín González, del presupuesto considerado por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) para el sector turismo en 2016, 400 millones de pesos se destinaron al programa de Pueblos Mágicos, bajo el objetivo de impulsar el flujo de turistas.

Indicó que algunas comunidades han mostrado un alza de entre 5.0 y mil por ciento en su número de visitantes tan sólo con recibir el nombramiento. En tanto, con base en cifras de la Sectur, la derrama económica generada por los Pueblos Mágicos sólo en 2017 fue de ocho mil millones de pesos, con un impacto sobre siete millones de personas que recibieron inversión pública y privada a través del gobierno federal, los estados y los municipios por más de tres mil millones de pesos.

Para ingresar al programa, las localidades deben tener características específicas como estar ubicadas en zonas cercanas a sitios turísticos o grandes ciudades, tener accesos fáciles por carretera y un valor histórico, religioso o cultural.

A diferencia de los estados, la ciudad de México, a iniciativa de la Secretaría de Turismo capitalina, cuenta con 21 Barrios Mágicos, donde se preservan tradiciones, arte y cultura, además de que se pueden degustar variados platillos típicos del lugar. Se trata de San Ángel, Azcapotzalco, Mixcoac, Coyoacán, Cuajimalpa, Zona Rosa, Garibaldi-Alameda Bellas Artes, Roma-Condesa.

Asimismo, los barrios de Santa María la Ribera, Villa de Guadalupe, Pueblo de Iztacalco, Culhuacán, Santa María Magdalena Atlitic, Santa Julia, Tacuba, Tacubaya, San Pedro Atocpan, San Agustín de las Cuevas, Mixquic, La Merced y Xochimilco.

LOS DERECHOS DE LA MUJER MUSULMANA

“El derecho de la Mujer que trajo el Islam y los no musulmanes piensan por faltas de estudios y lecturas que fue traida por el Cristianismo” En mi opinion , en el primer tiempo (Torah) se nos hace culpable del pecado y en el segundo tiempo (EL Evangelio) se nos hace depender del hombre. No fue Dios quien confundió las letras y enredó las escrituras , eso fue acto de los hombres de aquel entonces. Dios piadoso , vió como el hombre confundido nos trataba en aquel entonces y nos dedico en el Corán todo un capitulo para nosotras las mujeres dandonos en el Islam los derechos de los cuales hoy gozamos donde muchas personas no musulmanas piensan que todos estos derechos ya existían . No! antes de que llegara el Islam , en el tiempo del Judaísmo la mujer no gozaba de ningún derecho y era mas bien descríminada y odiada por haber traído el pecado a la tierra ; asi pensaba el hombre.

En el tiempo del Cristianismo la mujer fue descríminada y restringida , hasta no tener ningún derecho y libertad haciendo de ésta una esclava del hombre. Ahora, les compartire alguno de los derechos que trajo el Islam donde los humanos se confunden sin saber que en los tiempos de Torah y Evangelio (Biblia) estos derechos no existian.

4:(34) LOS HOMBRES son responsables del cuidado de las mujeres en virtud de lo que Dios les ha concedido en mayor abundancia a ellos que a ellas, y de lo que ellos gastan de sus bienes. Por el contrario, la mujer no tiene responsabilidad financiera alguna, excepto la pequeña correspondiente a sus gastos personales, las cosas lujosas que desee tener. Goza de seguridad económica y está mantenida. Si es esposa, la provee el marido; si es madre, el hijo; si es hija, el padre y, si es hermana, el hermano.. La mujer en el Islam no está obligada en ningún momento a compartir sus bienes con su marido, esos bienes ( La dote, el salario, las propiedades, la herencia familiar, etc). Al ser de su exclusiva propiedad puede gastarlos e invertirlos como ella quiera, disponiendo por ello de su propia cuenta bancaria; ella tiene el poder y las habilidades para ello. Si algún día fracasa el matrimonio esos bienes le dan la oportunidad de ser independiente económicamente, de esta forma podría conseguir su máxima independencia después del divorcio.

La mujer en el Islam tiene derecho a recibir su herencia, derecho que era impensable en muchas sociedades. Este tema está ampliamente tratado y explicado en detalles en el artículo: “la Herencia de la mujer en el Islam.” Dios dice en el Corán: 4:(7) A LOS HOMBRES les pertenece una parte de lo que dejen los padres y los parientes, y a las mujeres les pertenece una parte de lo que dejen los padres y los parientes, sea poco o mucho a mujer musulmana como esposa tiene derecho a conservar su propio apellido sin tener que adoptar el del marido como ocurría en la sociedad de esa época. En el Islam no sólo son marido y mujer, sino que además son compañeros, así que la conservación del apellido de la mujer permite una cierta independencia tanto de la mujer como del hombre.

En el Corán, tanto los hombres como las mujeres pueden solicitar y obtener el divorcio. En el caso de que sea el marido quien divorcie a la mujer , el Corán deja muy claro que ella debe conservar la casa, excepto en caso de que ella haya cometido adulterio. Si la mujer rechaza su derecho a conservar el hogar conyugal, el hombre debe darle provisión y despedirla de manera honorable. Dios dice en el Corán a este respeto: 33:49 “..proveedlas [ya] de lo necesario, y dejadlas ir con delicadeza.” En el caso de que sea la mujer quien divorcie(Talâq) al hombre , si no existe un motivo importante, será ella quien deba devolver el regalo recibido con el contrato matrimonial ( mal llamado”dote”, que es justo lo contrario). Por cierto que la traducción habitual de la palabra árabe “Talâq” (divorcio) por”repudio” es una falacia.”Talâq” proviene del verbo “soltar, dejar ir”. La mujer en el islam al igual que el hombre tiene también derecho a trabajar, aunque a diferencia de él, ella no está obligada a realizarlo. El dinero que obtiene la mujer de ese trabajo es para ella, puesto que al esposo le corresponde la manutención de la familia, es decir que la mujer musulmana no está obligada en ningún momento a compartir sus bienes con su marido, esos bienes ( la dote, salario, propiedades, herencia familiar,etc.

Corán: 4:32 ” Los hombres obtendrán su parte de lo que ganaron, y las mujeres obtendrán su parte de lo que ganaron.”

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Ser musulmana en Ecuador.

Cuando Juana, musulmana ecuatoriana, se subió a un bus en Quito para ir a su trabajo, otra pasajera tiró de su hijab, el velo con el que, por tradición, las mujeres islámicas cubren su cabeza. Le dijo “¡Quítate eso! ¡No ves que te oprime! ¡Libérate!”. Juana se bajó en la parada siguiente. La suposición de esa mujer era la de muchos: Juana llevaba la prenda como una marca de sumisión. En realidad, fue una decisión, libre y sin presiones, que tomó al convertirse al Islam.

Para muchas musulmanas en Ecuador, el hijab no es opresión. Sí es mucho más que solo una prenda de vestir. Cuando una mujer va a la mezquita, es obligación usarlo: es una señal de respeto a Dios. Pero afuera, en su día a día, es una cuestión personal. Diana Bueno, otra ecuatoriana musulmana residente en Quito, no lo lleva fuera de la mezquita. Dice que no se siente lista, que tal vez algún día lo haga pero que, por ahora, no. Su esposo tampoco le ha obligado a ponérselo. Dice que jamás le pediría hacer algo que ella no quiera, “el hijab no la hace menos libre y tampoco menos musulmana”. Es decisión de cada una.

En otros países la sumisión es a la ley civil: prohibido llevar el hijab. En septiembre de 2010, el parlamento francés prohibió el uso público de prendas que cubran la cara como el niqab que tapa todo el cuerpo y deja sólo los ojos a la vista— o burka —la misma prenda pero con una rejilla—. El argumento era que necesitaban identificar rápidamente a las personas por cuestiones de seguridad nacional. En Holanda, en mayo de 2015, también se prohibió bel uso del hijab en lugares públicos como escuelas, hospitales y transporte público. Las niñas y sus padres no quieren ir sin la prenda, y están siendo retiradas de las escuelas. Se quedan sin educación.

La práctica del Islam depende de los aspectos culturales, económicos y sociales de cada país. En algunos —como Irán— sí se requiere que todas las mujeres utilicen el velo y que estén siempre acompañados por un varón. El problema es pensar que todos musulmanes exigen esto a las mujeres, y creer que lo único que las oprime es una prenda de vestir. En Irán y en Arabia Saudita, esa opresión no recae sobre el hijab, o sobre la religión sino sobre el gobierno que decidió utilizarla e interpretarla a su conveniencia para controlar a las mujeres. En otros países —como en Turquía, Líbano, Jordania— esa prohibición no existe. Algo similar pasa Myanmar, donde el monje budista Ashin Wirathu promueve que se expulsen y se asesinen a cientos de musulmanes Rohingya en el país en nombre del budismo. Cualquier religión puede utilizar sus doctrinas para hacer paz o guerra. El error está en homogeneizar a más de 1.6 mil millones de creyentes musulmanes sólo porque en un par de países han tomado esas determinaciones. Como dice  el experto Reza Aslan, esas medidas hablan más de Arabia Saudita o de un país que del Islam u otra religión.

Existe un nuevo set de reglas que deslegitiman el uso del hijab por elección. Están atadas a la corrección política de lo que es —lo que no es— ser una mujer libre. Cada vez hay más artículos que rechazan la ropa ajustada —porque dicen que sólo está hecha para definir las curvas— o que una mujer decida ser ama de casa —porque realizarse es salir a trabajar—. Olvidan que la libertad no es otra cosa que poder tomar decisiones propias. Paola Rodas, profesora en temas de orientalismo de la Universidad San Francisco, dice que lo que realmente debería cuestionarse es quién es más libre ¿una mujer que sale desnuda en las revistas de PlayBoy o una mujer que decide utilizar el hijab? El problema es creer que la una es más que la otra sólo porque no se conoce sobre esa cultura. A fin de cuentas, estamos más acostumbrados a ver a las mujeres del lunes sexy que a una mujer musulmana en el país. Es cuestión de percepciones.

El grupo feminista islamico, lucha contra la concepción de que el islam es una religión machista y patriarcal. Ellas utilizan el hijab para definir su identidad e ir contra las ideas colonialistas de que todo lo que no pertenece al occidente es malo, negativo y opresor. Esa es la forma en que ellas deciden ser libres. La sumisión de la mujer en todo el mundo va más allá de una prenda de vestir: es la falta de educación, la violencia sexual, el nivel de ingresos, el cuestionamiento sobre las decisiones sobre el propio cuerpo.

Para las mujeres que deciden utilizarlo todos los días, el hijab sobrepasa los motivos religiosos. María Fernanda Rosero lo usa para protegerse de la mirada de los hombres: dice que así se siente más respetada y ya no como un objeto sexual. Mónica Moya lo lleva puesto por el mismo motivo y, porque ahora, siente que sin él ella no se siente musulmana: forma parte de su identidad. Para ellas es una forma de encontrar refugio y de reconocerse entre sí porque, en Ecuador, muchas son discriminadas por ser musulmanas. Les han dicho terroristas, invasoras, esposas de Bin Laden, bárbaras. Les han exigido que muestren sus documentos —sin motivo alguno— y que se quiten su velo en los bancos. No son vistas como ecuatorianas. Así que han tomado una decisión en conjunto: utilizar el hijab y ser musulmana en Ecuador.

Martin Pastor y Lissete Arevalo